viernes, 9 de septiembre de 2016

La ciudad se divide por un día



Era una edición más del clásico Paisa, nuevamente la ciudad se teñía de rojo por el lado del Independiente Medellín y de verde por el lado del otro equipo: Atlético Nacional. Este iba hacer el partido número 291 entre estos dos rivales. El primero fue a eso de 1948 un 12 de septiembre, con victoria a favor del equipo rojo.
El clásico es el orgullo de la ciudad de las montañas, juegan los dos equipos más importantes del departamento Antioqueño y de la ciudad de Medellín, que particularmente lleva el nombre de uno de los dos equipos. La ciudad se divide cada vez que estos colores se cruzan en un partido de fútbol, que se juega más con orgullo que con cualquier otra cosa, y así lo deja saber la página oficial de la escuadra roja en la semana previa al match “El DIM y la cuestión de honor” en el transcurso de la semana, previa al encuentro; se empieza a vivir el folclor que este mismo genera en la ciudad. Las casas y calles se adornan de acuerdo a los colores de su equipo favorito. La llegada de esos 90 minutos parecen eternos, y cada vez hay más ansiedad. Pero cuando el día llega; solo se habla sobre el partido, solo se ve literalmente rojo y verde sin importar el sector, los canticos se escuchan entre sectores, y u hogares que sin importar que asistan o no al estadio, apoyan a su equipo amado.

En mi caso particular, soy fanático del Independiente Medellín; y como buen amante tenía cita ese domingo 28 de agosto con mi equipo, para apoyarlo como siempre desde la popular norte. Al atravesar la ciudad en mi moto, por donde quisiera que pasara había banderas alusivas a ambos equipos; y al momento de llegar a los alrededores del estadio Atanasio Girardot la atmosfera misma te demuestra que no es un partido más, que no es una cita cualquiera.
Guardo mi transporte y camino hacia la entrada. En medio del camino, me encuentro dos grupos de hinchas, unos rojos y otros verdes, los cuales cantaban casi que a la misma vez, voleaban sus banderas y brazos, paré y me dije a mi mismo: ¡Qué lindo que es el fútbol! Los canticos no paraban, pero yo debía seguir con mi trayecto si no me quería perder lo más hermoso de un clásico de fútbol: las salidas de los dos equipos a la cancha.

Ya me encontraba ahí, en el corazón de la tribuna; al frente, la barra del equipo rival, al igual que en las demás tribunas (Nacional era local). Los canticos no paraban por parte y parte, era un estilo de calentamiento entre ambas barras; la cancha como siempre, hermosa. Todo estaba listo para este cotejo entre paisas. Al momento de la salida, ambas escuadras salen al mismo tiempo, por ende, fiesta, papeles, gritos, extintores, y demás tanto en la tribuna norte como la tribuna sur. Lo que se puede sentir, ver, escuchar; es casi que imposible describir, es eso que solo el fútbol y las hinchadas pueden hacerlo posible.
En lo que fue el partido no hay mucho que hablar, el primer tiempo termina 0-0, pero en la tribuna era un partido aparte. Era la que más duro cantara, la que más resistiera sin importar si te quedabas sin voz.
En el segundo tiempo Atlético Nacional abre el marcador y las tribunas alrededor explotaron. El reto ahora era más difícil: cantar más duro y con más constancia porque nuestro equipo ya estaba abajo en el marcador, y como lo dije anteriormente se juegan dos partidos, uno en la cancha y otro en las tribunas. El nuestro no lo podíamos perder, por más triste que se estuviera había que sacar ganas de alentar. Las voces de la hinchada del equipo rival cada vez se sentían más cerca, como si la tribuna se acercara; pero desde la tribuna norte se respondía con más corazón y orgullo que cualquier otra cosa.


El partido termina y la victoria en la cancha fue para los verdes, pero en la tribuna a pesar de ser menos y con marcador adverso se salió tranquilo porque en ningún momento pudieron hacerse sentir como se debería al mirar la diferencia de gente.
Lo más bello e importante fue como se vivió el juego, en completa paz, todo fue una fiesta, el resultado es lo de menos, el clásico se hizo para disfrutarlo y vivirlo desde la tribuna, solo queda esperar la próxima edición: la 292.